Neuralink, la empresa de interfaces cerebro-computadora fundada por Elon Musk, ha implantado un chip inalámbrico en un cerebro humano. El dispositivo está diseñado para permitir a una persona controlar tecnología externa directamente con sus pensamientos, sin movimiento físico ni comandos de voz.

Puntos clave

  • Neuralink implantó un chip cerebral inalámbrico en un paciente humano, un hito para la empresa de interfaces cerebro-computadora (ICC) de Musk.
  • El chip está diseñado para permitir a un usuario controlar dispositivos conectados usando solo el pensamiento, sin moverse ni hablar.
  • Neuralink ha enmarcado el tratamiento de enfermedades y la mejora de la función cognitiva como objetivos a largo plazo para la tecnología.
  • Un dispositivo que lee la actividad cerebral plantea cuestiones de privacidad y seguridad que no se aplican a un teléfono o portátil.

Neuralink es una empresa de interfaces cerebro-computadora (ICC) fundada por Elon Musk. Una ICC es un hardware que permite al cerebro comunicarse directamente con un dispositivo externo, eludiendo los nervios y músculos. Este implante es el intento de Neuralink de llevar esa tecnología del laboratorio a un paciente humano.

Qué se supone que hace el chip

El implante es inalámbrico: no necesita un cable físico que conecte el cerebro con hardware externo. Neuralink describe el objetivo como permitir a un usuario controlar dispositivos conectados —por ejemplo, reproducir una canción o interactuar con un ordenador— usando solo el pensamiento, en lugar de tacto o un comando de voz.

Objetivos declarados: tratar enfermedades y mejorar la cognición

Más allá de controlar dispositivos, Neuralink ha enmarcado el propósito de la tecnología de manera más amplia: tratar enfermedades y mejorar la función cognitiva. La empresa posiciona el chip cerebral como un paso hacia una tecnología que funcione directamente con el cerebro, en lugar de a través de pantallas, teclados o interfaces de voz.

Consideraciones de privacidad y seguridad

Un dispositivo que se interconecta directamente con la actividad cerebral plantea cuestiones de privacidad y seguridad que un teléfono o portátil no plantean. El acceso no autorizado al dispositivo, o a los datos que produce, podría exponer información mucho más sensible que una contraseña o el historial de navegación.

Acceso y quién se beneficia

Las interfaces cerebro-computadora plantean una pregunta adicional más allá de si la tecnología funciona: ¿quién podrá acceder a ella? Si los implantes como este seguirán siendo un procedimiento médico limitado y costoso o eventualmente llegarán a una población más amplia depende de factores ajenos a la tecnología en sí: aprobación regulatoria, costo y escala de fabricación.